Conducta violenta de los niños frente a las manifestaciones de cambios en las representaciones sociales y valores familiares.
Sofía Pérez
Santiago
RESUMEN.
La sociedad tiende a naturalizar las actitudes
violentas, mientras no le afecte personalmente, no hay mayor problema. Cuando
esta afección toca el ambiente familiar todo cambia. Los constantes cambios
sociales y culturales condicionan la calidad de relación en la pareja, por
ello, este estudio recoge una revisión sobre el ambiente y la educación
familiar, evidenciando la importancia de la relación marital en el desarrollo
de los hijos, cuando dichas experiencias son tan fuertes, los hijos lo
manifiestan de alguna manera en los lugares que frecuentan.
Palabras
Clave: Valores, Familia, Representaciones
Sociales, Violencia.
INTRODUCCIÓN
La familia inicia la formación en valores,
fomenta el crecimiento de cada miembro de la misma, desde la transmisión de diversas
ideologías, costumbres, tradiciones y reglas, sin embargo la crisis de valores en
los diversos ámbitos de la vida diaria reflejan altos índices de violencia,
intolerancia y faltas de respeto, por lo que se entiende que estas actitudes se
extienden a los otros sectores donde el niño se encuentre, (Torales, Barrios, Arce &
Viola, 2018).
La primera mirada se dirige al contexto
familiar como uno de los factores más influyentes en la génesis de la
agresividad infantil. Analizar el ambiente que respira el niño en la familia, ayuda
a descubrir las causas que generan la violencia infantil en dicho contexto. Para
ello Torales et. al. (2018) realizan un estudio en el ámbito educativo a nivel
primaria para distinguir entre familias que tratan a sus hijos con atención y
competencia, en contraste con las que carecen de ellas y, finalmente, estudia el
equilibrio entre control y libertad en cuanto a extremos dentro de los cuales
se desarrolla la función educativa de los padres.
Afirman que es muy importante la intervención
en el núcleo familiar pero también es importante la figura del docente (Torales
et. al., 2018) para la formación de los menores y así en conjunto puedan
promover los valores tanto en el hogar como en la institución educativa.
Los padres encuentran dificultades en mantener las decisiones tomadas
respecto a la crianza de sus hijos, sobre todo en el cumplimiento de los
límites y normas acordadas para crear un ambiente sano y equilibrado ante las
exigencias y demandas de los niños.
El ritmo de la vida actual muchas veces
determina que el tiempo de convivencia familiar sea limitado, empujando a los
padres a consentir a sus hijos por el tiempo perdido, lejos de decirles “no”
adecuadamente. Es importante dejar claro que pasar tiempo de calidad es tan
necesario como establecer límites y decir “no” de manera razonable y en el
momento oportuno ya que esto facilita una buena educación y relación
padre-hijo.
Ante la preocupación por dicho comportamiento, en la Universidad de
Deusto en España, Calvete, E Orue, I. (2016), realizan un estudio denominado
“Cuestionario de violencia filio-parental revisado”, reafirmando la urgencia de
que los padres busquen crear un clima de confianza, donde cada uno pueda
expresar sus sentimientos, sin miedo y con la certeza de ser escuchados,
acompañados y orientados, para así conocer las necesidades de cada integrante y
poder dar respuestas acertadas. El cuestionario además de evaluar la frecuencia
de las diversas modalidades de agresión física y psicológica contra los
progenitores, evalúa la razón para realizar dichas agresiones. Los resultados
obtenidos muestran que las niñas ejercen más violencia filio-parental que los
niños, y que la violencia filio-parental es más habitual hacia las madres que
hacia los padres.
Hoy en día un reto que deben enfrentar los
padres de familia y los docentes de manera coordinada, es ejercitar y promover
los valores a los menores a partir de la dinámica familiar y los valores que la
comunidad escolar consideran importantes para formar a los alumnos (Pinto-Archundia,
2016). Por otro lado, la importancia que tiene la familia para predicar con el
ejemplo, dadas las consecuencias que hoy en día se presentan respecto a los
valores. Los gobiernos han tratado de solucionar los problemas buscando
alternativas sin obtener resultados mediante los programas implementados como
el de “Escuela para Padres” o “Valores por una Convivencia Escolar Armónica”.
Tengamos en cuenta que el límite que viene de la persona en quien el
niño confía, internaliza en él la seguridad de ser respaldado y su autonomía se
va afianzando desde esa confianza. Los límites hacen que el niño descubra la
existencia del otro y de su propia existencia, así puede aprender hasta dónde
pueden llegar ellos y hasta dónde llega uno como padre. Es importante
establecer límites realistas y claros. Además es de vital importancia reconocer
las características de dicha problemática para atenderla a tiempo (Monsalve,
Mora, Ramírez López, Rozo y Rojas, 2017).
En este trabajo daremos pautas educativas y sugerencias claras a
practicar en los distintos ambientes donde se encuentre el menor para recuperar
el establecimiento de límites necesarios, en el momento oportuno, propiciando
mejorar la calidad en la educación de los hijos y llevando así una convivencia
familiar sana que evite la compulsión a la repetición.
Esta investigación se realizó bajo los criterios del Diseño de
Investigación de Teoría Fundamentada.
La Teoría Fundamentada, se deriva a partir de los datos recopilados,
destacando la estrecha relación entre la recolección de datos, su análisis y
posteriormente se elabora una teoría basada en los datos obtenidos como una de
sus características fundamentales. Dicha teoría exige identificar categorías
teóricas, mediante la utilización de un método comparativo constante.
El objetivo principal de esta metodología, (Giraldo P., Marisela, 2011)
es generar o descubrir una teoría, que explique desde la inducción un suceso,
partiendo del análisis de un conjunto de datos, con una descripción sistemática
de la experiencia humana cotidiana, dentro de un campo de estudio.
La relevancia de la presente investigación
radica en brindar mayor herramientas ante la problemática conductual violenta
de los niños frente a las manifestaciones de cambios, considerando que la
violencia en la niñez está asociada a la depresión y a la ansiedad, aumentando el riesgo de que
las víctimas utilicen el castigo físico en la edad adulta, independientemente
de sus esquemas interpersonales; así como los estilos parentales tanto
positivos como negativos son introyectados, transmitiéndose intergeneracionalmente.
Es importante enfatizar que el ser testigo de la violencia entre los padres se
asocia a la depresión, baja autoestima y desorden post-traumático en los niños,
aún después de controlar el abuso directo. Por tal motivo, las nuevas
generaciones parentales necesitan tener una jerarquía de valores que asegure la
constancia y calidad de vida de sus hijos.
Pregunta de investigación:
¿Cómo influyen los valores familiares y
sociales en la conducta violenta de los niños?
Objetivo General: Determinar la influencia de los valores
sociales - familiares en el desarrollo y manifestación de conductas violentas
de los niños.
Planteamiento del problema.
La familia es la base del desarrollo humano y
de la construcción de la sociedad, sin embargo es preocupante saber que cada
día las relaciones intrafamiliares, dentro del hogar o fuera de ella, se ven
afectadas con mayor presencia de actitudes violentas de las nuevas generaciones
hacia los adultos y viceversa. Sin duda, también estamos inmersos en una
sociedad que promueve valores de competencia que resultan agresivos o violentos
en la educación y crianza, así como en el desenvolvimiento laboral de los
adultos. Por tal motivo, surge el interés de analizar las representaciones familiares
y sociales de violencia, su impacto en los valores y su influencia en las
conductas violentas de los niños.
Hipótesis.
La incapacidad de los padres para mantener el
rol y los límites en la familia, el tiempo deficiente de convivencia entre padres
e hijos, llevándolos a diversas instancias infantiles, evitando la cercanía;
las dificultades no resultas a nivel personal y de pareja, afecta el estado
emocional y de rendimiento de los niños; además la sociedad incide en la
conducta violenta al invitarlos a actividades de competencias creando rivalidad
y actitudes desafiantes con resultados agresivos.
Marco
teórico.
De acuerdo con Martínez (2016), uno de los
grandes problemas en la sociedad es la falta de definir y llamar a la violencia
por su nombre, a esta gran dificultad se le agregan las múltiples formas en que
se presenta, por ello es muy importante reconocer por lo menos sus
características más importantes y comunes. Además, la misma multiplicidad hace
que se prefiera hablar de las violencias y no de la violencia en particular.
El abordaje múltiple de violencias
particulares y desde diferentes campos disciplinarios ha contribuido a mirarla
tanto en su complejidad, como a destacar sus características más precisas, las
formas en que se presentan y las dinámicas o funciones que asumen las
diferentes formas de violencia.
Una de ellas es ejercer presión psíquica o
abuso de la fuerza contra una persona, con el propósito de obtener fines en
contra de la voluntad de la víctima, cuando esto sucede estamos en presencia de
un acto de violencia.
Podemos definir la violencia como el daño que
intencionalmente hace alguien mediante el uso de la fuerza abierta o escondida,
con intención de obtener de las personas o grupos algo que no quieren
consentir.
Por otra parte encontramos la violencia sin
uso de la fuerza física, como la violencia estructural, cultural, simbólica o
moral con consecuencias inmediatas y visibles, tan estrictas que no dejan otra
alternativa que someterse a ella. Además las características propias de los
ámbitos familiares, sociales y escolares ejercen una fuerte influencia en la
configuración de las representaciones sociales; a pesar de que éstas ejercen de
una u otra manera el castigo como forma de control social.
La violencia se ha extendido de tal manera que
se ha convertido en un problema para la salud pública debido a la magnitud que
ha alcanzado en las últimas décadas. Millones de personas mueren cada año en el
mundo por causas atribuibles a la violencia, sabiendo que la mortalidad
representa solo la parte más visible, de dicha problemática ya que por cada
muerte violenta se producen decenas o cientos de lesiones de diversa gravedad.
(Falcón, et.al., 2008).
En la violencia física, psicológica y sexual
como en otras tantas que existen las causas presentan una gran gama de variedad
y dependen de diferentes condiciones, como las situaciones graves e
insoportables en la vida de la persona, la falta de cuidado y responsabilidad
de los padres, la presión del grupo al que pertenece.
Debido a las variaciones de las condiciones
del medio ambiente el estado de la salud ha sufrido muchos cambios a lo largo
del siglo XX, el aumento de la violencia es uno de los más complejos y
profundos (Falcón et. al., 2008). Ya sea desde el punto de vista individual,
como desde la perspectiva de la salud pública, su carga ha manifestado un
incremento espectacular, afectando el bienestar de los perjudicados, como los
servicios de la atención sanitaria que deben prestar cuidados y tratamientos.
En todos los países nos encontramos con
noticias bastante escalofriantes de agresiones intrafamiliares llegando incluso
hasta la muerte, a esta violencia interna se le agrega la violencia externa,
dejando a las personas sin mayor alternativa, lamentablemente este estilo de
vida día a día se va normalizando llegando a un débil cuestionamiento de su
presencia, justificándola muchas veces por la cultura, las tradiciones e
incluso por las creencias religiosas. (Barrera, et. al., 2006). La cultura en
su diversidad, ha jugado un papel importante en la formación de las distintas
generaciones, mantenido criterios sólidos en el sostenimiento del mismo hasta
el presente.
Falcón (2008), se hace la siguiente pregunta,
muy válida para nosotros hoy en día ¿Significa todo ello que la familia ha
dejado de ser el ámbito donde surgen y se mantienen los mejores sentimientos
entre los miembros que la integran? Ciertamente vivimos cambios ultrarrápidos
que no da tiempo a distinguir y nombrar lo que se está experimentando.
Martínez (2018) nos habla sobre el contexto
familiar como uno de los factores más influyentes en la génesis de la
agresividad infantil. Inicia con el análisis del ambiente que respira el niño
en la familia, para descubrir las causas que generan la violencia infantil en
dicho contexto, distingue entre ellos ambas posturas: las familias que tratan a
sus hijos con atención y cuidado, impulsándolos a ser competitivos, en
contraste con las que carecen de esta cercanía y preocupación; falta la
observación del equilibrio entre el control y la libertad en cuanto a extremos
dentro de los cuales se desarrolla la función educativa de los padres.
Podemos hacernos la siguiente pregunta ¿Qué
educación reciben los niños en las familias? El trato infantil inadecuado, las relaciones
tensas y problemáticas entre los cónyuges, o de padres a hijos, las ausencias
de los progenitores, la conflictiva escolar, las drogas, la maternidad
prematura, el fracaso escolar, las enfermedades, son solo algunas de las
circunstancias que ocasionan la carencia de un compromiso responsable de los
padres hacia la educación de calidad familiar.
El factor familiar es uno de los más
importantes y ejerce notable influjo en la aparición y evolución de la
agresividad infantil, por ello nos preguntamos ¿Qué papel juega la familia en
el surgimiento y desarrollo de la agresividad y en el modelaje de la conducta
de los hijos? Ante tal pregunta Martínez (2018) se planteó las siguientes premisas: la
relación emocional de los padres con los hijos puede ser decisiva en el nivel
de frustración y de las ideas que forje de las relaciones humanas; los modelos
parentales de disciplinas influyen en el modo de inhibir los deseos agresivos;
los modelos parentales brindan a los hijos un modelo de reacción ante las
frustraciones de la vida; y por último el grado de ayuda o cooperación entre
los padres determina el grado de demanda que el niño interioriza.
Ante las diversas variables se pueden obtener
diversos resultados, Martínez (2018) refiere lo siguiente: Es muy probable que
los niños agresivos y afirmativos hayan recibido disciplinas de manera punitiva
por sus padres, u otros adultos a su cargo; los niños agresivos solían padecer
frecuentes amenazas por padres o cuidadores. Se encuentra mayor relación entre
padres que rechazaban al niño y niños agresivos, que entre los no agresivos y
los afirmativos. Ante amplias respuestas Martínez. (2018) asumió como más
probable que los niños agresivos y afirmativos habían sido educados por padres
condescendientes y poco exigentes. Y como menos probable que los niños
agresivos y afirmativos hubiesen sido menos controlados por sus padres que los
no agresivos. Se muestra que los niños no agresivos hubiesen sido controlados
por sus madres de manera firme que los agresivos. Finalmente, se encuentra que
los niños agresivos y afirmativos fueron en cierto porcentaje más elevado, por
padres punitivos y con demandas escasas.
Dicho autor considera que la actitud de los
niños es un reflejo de lo que encuentran en su medio ambiente, por ejemplo nos
habla de la violencia escolar donde afirma que dicha conducta emana y es
generada por la propia escuela al estigmatizar, jerarquizar y reglamentar a ciertos
alumnos como no competitivos y son los que terminan dañando la propia escuela o
atacando a profesores y autoridades; sin embargo el único hecho violento es el
de los alumnos.
Ante dicha conducta de los niños la mirada se
dirige hacia la familia, Romero (2019) nos habla de la familia como desencadenante
de tales actitudes en donde los niños de etapas iniciales, representan un reto
no solo para los progenitores sino también para el personal docente.
La violencia
filio-parental, debido a su aumento y frecuencia, ha sido objeto de alarma en
los últimos años. Se presenta como una variante de la violencia intrafamiliar. Entendemos
como violencia intrafamiliar cuando es ejercida por cualquiera de los
integrantes de un núcleo familiar hacia otro, sin embargo la violencia
filio-parental es aquella a través de la cual un hijo exhibe conductas de
maltrato contra sus progenitores (o contra de los adultos a su cuidado), realizada
de forma consciente e intencionada, a lo largo de un tiempo y en repetidas
ocasiones, causando daño y sufrimiento en los mismos, aunque este daño no
llegue a producirse como tal y el menor
no consiga lo que pretende, no puede negarse su existencia.
En muchos
casos la víctima no percibe el sentimiento de amenaza, ni tiene consecuencias
diagnosticables, sin embargo el daño lo sigue experimentando, por lo tanto
sigue existiendo. La violencia ejercida puede presentarse de
diferentes maneras, por ejemplo puede ser psico-emocional, física o económica,
logrando en los padres pérdida de autoridad, autoestima así como sentimiento de
frustración en sus aspiraciones educacionales. Normalmente los
hijos suelen realizar estas acciones con el fin de conseguir control, dominio y
poder sobre sus progenitores para conseguir lo que desean.
Brota de
manera espontánea la pregunta, ¿qué causa la aparición de esta violencia en
menores? Calvete (2016) concluye en diversos estudios que la mayoría de los
hijos menores que ejercen violencia contra sus padres o progenitores han vivido
también situaciones de violencia familiar. Esto nos dice que cuando el menor
observa o sufre situaciones de malos tratos o agresiones de diversas maneras,
es más propenso a la compulsión a la repetición de dicha experiencia
internalizada. Además otro factor determinante a tener muy en cuenta para la
aparición de esta violencia es la falta de límites, supervisión, control, así
como la pérdida de autoridad parental.
La estructura
de estas situaciones suele seguir un modelo cíclico, caracterizado por la
secuencia de las siguientes fases:
·
Fase de acumulación de tensión: En este primer momento,
por la existencia de enfrentamientos con sus padres o entre los padres, el hijo
acumula tensión. Al no existir factores que la desactiven dicho sentimiento es
cada vez mayor.
· Fase de explosión: En esta fase se caracteriza por la
manifestación de violencia descontrolada hacia el exterior.
· Fase de arrepentimiento: Después de la descarga de la violencia,
se produce en el hijo un falso arrepentimiento el cual, en muchas ocasiones, es
el comienzo de una nueva fase cíclica, donde comienza la acumulación de tensión
que culminará en otro episodio violento.
Otro punto
importante a observar es conocer cuál es la actitud que presenta cada una de
las partes en estos episodios:
Por un lado los
progenitores, en la primera fase, generalmente muestran una actitud suave y
conciliadora. Son conscientes de la presencia de una situación tensa e intentan
reducir el estrés familiar. Po otra parte el hijo, interpreta esta actitud como
una rendición y sumisión y comienza a exigir de forma agresiva y desmedida su
pretensión, dejando con ello sin autoridad a sus progenitores quienes, ante dicha
postura del hijo, cambian su actitud a una más hostil y severa generando
nuevamente estrés familiar y una nueva etapa de acumulación de tensión.
Con aquel
ciclo vicioso anteriormente mencionado comienza la segunda fase, ahora es el hijo
quien lleva a cabo ataques más intensos y con más frecuencia. Obteniendo como
consecuencia la paralización de los padres, aceptando la pérdida de autoridad,
con ello reafirman inconscientemente la situación de supremacía y triunfo de su
hijo, que vuelve a repetir el ciclo.
Nos podemos
preguntar qué es lo que mantiene la violencia filio-parental, encontrando lo
siguiente.
·
El hecho de que rara vez es denunciada.
·
El estilo de comunicación o de relación entre ambos
padres.
·
La usencia de algunos de los progenitores.
·
El ambiente familiar permanente no propicio para una
convivencia sana.
·
Los padres sostienen la situación durante mucho tiempo,
sin decidirse buscar ayuda externa.
·
Existe una enorme cifra desconocida, que no puede ser
medida ni controlada.
·
Se puede decir que los padres están cada vez más
condicionados por el comportamiento abusivo y reiterado de su hijo, por lo que desconocen
el manejo de la situación de manera correcta.
·
Otro punto importante a tomar en cuenta es que esta
violencia, puede derivar en violencia intrafamiliar; donde el hijo, después de
la fase de acumulación, puede llegar a la fase de explosión ante cualquier
estímulo de otro familiar, pueden ser hermanos, primos u otro pariente que
conviva en el círculo familiar.
¿Cómo se
soluciona?
Después de
analizar los puntos clave de la violencia filio-parental, podemos sugerir
algunas soluciones, empezando por las más efectivas:
·
La prevención. Los progenitores es necesario que orienten
la educación de los hijos hacia ambientes de confianza, diálogo, comprensión y
ambiente no violentos antes de que la situación de violencia se produzca.
·
El afecto, la comunicación y la disciplina son tres
marcos educativos que deben ser potenciados, equilibrados, y aplicados por los
progenitores.
·
Es importante la observación del ambiente familiar ya que
si la prevención no es efectiva, se termina por entrar en el ciclo de
violencia, lo importante es intentar modificar las actitudes necesarias en cada
familia para lograrlo.
·
Romper con la dinámica coercitiva, quebrar el ciclo.
·
Saber reconocer las características de la situación al
momento de sus apariciones y buscar ayuda externa antes de que empeore.
Calvete
(2016) refiere que la violencia filio-parental no es algo que debamos tomar a
la ligera, tampoco debe pasar desapercibido. Es necesario ser conscientes que
estamos hablando de un tipo de violencia grave que conlleva en la víctima
pérdida de salud mental y calidad de vida. Los progenitores terminan viéndose
como personas impotentes, deprimidas, culpables y vencidas. Todos sabemos que
es un problema real, frecuente, y demandante, por lo que debemos actuar de modo
preventivo y a través de la educación como puntos clave.
Componentes que ayudan en la formación de
autocontrol.
El auto
control se forma de distintos componentes para desarrollar no solo su propia
función, sino también ciertas capacidades, como la cognitiva, emocional y
social.
La función ejecutiva.
Como nos
comenta Pinto-Archundia (2016), la función ejecutiva son las actitudes
cognitivas que nos permiten ejercer de forma deliberada y consciente el control
de nuestros pensamientos, impulsos, acciones y emociones.
Soberanía.
Es entendida
por el autor antes mencionado como la creencia de que uno puede ser agente
activo en la determinación de su propia conducta, saberse capaz de cambiar, de
crecer, aprender y responder a nuevos retos. Fomentar esta auto-percepción del
niño en la familia y desde las primeras etapas escolares, que son personas que “pueden”,
es alimentado por la capacidad de auto control que le ayuda a lograr sus
objetivos. En cuanto más eficazmente logren los niños en la primera etapa de su
vida esperar y operar para conseguir cosas atractivas y más grandes, y cuanto
mejores sean las capacidades cognitivas y emocionales que le permitan disfrutar
de ese éxito, más crece su propio sentimiento de “Sí puedo” y por supuesto su
disposición para responder a mayores y nuevos retos con el mismo sentimiento
positivo.
El Optimismo.
Pinto-Archundia
(2016) define el optimismo como una inclinación a anticipar el mejor resultado
posible. Desde la Psicología se define como el grado de expectativas favorables
en el individuo para la realización de su futuro, relacionadas a la actitud del
“Creo que puedo”, observada en la perseverancia de los niños cuando aumenta el
retraso. El propio optimismo que les
lleva a creer que son capaces de hacer lo necesario para obtener la recompensa
les ayudará a esforzarse, para esperar y conseguir lo deseado.
Los que no
creen en sus propias capacidades de logro, se dejan llevar por la frustración,
aceptando recompensas pequeñas pero inmediatas. Generalmente los que están en
mejor situación son personas optimistas, pero los pesimistas pueden elevar sus
expectativas al comprobar que pueden tener éxito.
Sensibilidad acentuada al rechazo.
Las personas
con estas características les preocupan de manera exagerada el rechazo en sus
relaciones y a menudo con sus propios comportamientos provocan el rechazo tan
temido. Por ello es importante no dar todo de manera inmediata a los niños, es
necesario forjar su capacidad de enfriar o calmar sus primeras reacciones de
estrés y ser capaces de esperar un poco más de tiempo; en la investigación de Pinto-Archundia
(2016), se muestra que posteriormente son niños menos agresivos y considerados
como los más aceptados socialmente.
Fuerza de voluntad.
Esta actitud
está directamente relacionada con el autocontrol; nos da fuerzas necesarias
para demorar la satisfacción del momento y nos ayuda a activar el pensamiento
frio; para ello es necesaria una motivación para influir en el autocontrol.
Desarrollo de
la autorregulación del niño y estrategias de trabajo en el aula.
En su
investigación sobre si las Funciones Ejecutivas se pueden enseñar mediante
sencillas intervenciones, Pinto-Archundia (2016) comenta sobre un
programa llamado Herramientas de la mente, donde se determina que la meditación
y unos “ejercicios de atención plena” ayudan no solo a mejorar la función
ejecutiva, sino que también consiguen ser conscientes de cada sentimiento,
sensación o pensamiento que tengan y reconocer y aceptar cualquier experiencia
sin juzgar.
Autorregulación.
Los niños
aprender a aprender mediante la autorregulación intencional, si se les bridan
oportunidades apropiadas. Una de las principales habilidades es la planificación,
en la que desarrollan su propia capacidad de planificar qué actitud van a tener
en cuenta ante situaciones de estrés, para esto los niños deben pensar en
posibles acciones futuras y luego imaginar y promulgar comportamientos
alternativos.
En la medida
en que los niños avanzan en su desarrollo, sus habilidades de autorregulación
también se desarrollan gradualmente, para utilizarlos en el momento oportuno.
Es importante que los adultos visualicen adecuadamente el desarrollo del
comportamiento de los niños para poder relacionarse adecuadamente con ellos; ya
que regañarlos por no mantener la atención más de unos minutos, no ayuda en el
aprendizaje de autorregulación.
Categorías.
·
Valores en la familia.
·
El ambiente familiar.
·
Falta de unidad de acuerdos y cumplimiento de los mismos en
la familia.
·
Relaciones tensas y problemáticas entre los cónyuges.
·
La violencia ejercida con uso o sin uso de la fuerza como
daño intencional hacia alguien.
·
Complacencia a hacia los hijos.
·
Competencia y falta de tolerancia la frustración.
Valores en la
familia.
Álvarez
(2008) plantea algunos aspectos relacionados con la familia dado que se
considera que, a pesar de todas las convulsiones que hoy atentan contra ella,
sigue siendo el escenario más importante del desarrollo humano, espacio único donde
se cultiva la imaginación, la capacidad que el individuo posee para adaptarse,
así como el sentido de logro; impulso en el desarrollo regional y base de
lanzamiento para fortalecer la vivencia de los valores en las distintas instituciones.
Los valores universales que se viven en la familia deben iluminarán las
instancias desgastadas, desarticuladas y desprestigiadas en todo ambiente
social.
Al hablar de
“familia” incluye tanto las dimensiones universales como todas las formas,
estilos y estructuras concretos de familiares que se encarnan en la diversidad cultural
(Álvarez, 2008).
Es muy
alentador y reconfortante, el hecho de que Álvarez, (2008) incluya una gran
gama cultural sobre la familia, unificándola en el punto clave de la misma, la importancia
de cultivar los valores entre sus integrantes, como herramienta central en la
formación y sostenimiento de sus individuos frente a las distintas instancias
deshumanizantes.
La
importancia de la diversidad cultural como base de desarrollo en valores las
familias, es muy importante porque estamos hablando de que esa diversidad es la
gran riqueza que nos unifica y fortalece frente a los demás.
El ambiente
familiar.
Barrera (et.
al., 2006), en su investigación sobre la influencia del medio familiar y
escolar en las conductas agresivas de los niños, nos comentan que los
determinantes que más influyeron en las manifestaciones agresivas, fue el tipo
de estructura familiar, el bajo nivel de escolaridad de los padres y las
personas responsables de la educación y cuidado de los niños; y en relación con
el medio escolar, la fuente de imitación de conductas agresivas.
Se considera que
estas son acciones clave para combatir la agresividad de los niños expresada en
cualquier momento y lugar, realizando una excelente revisión del ambiente en
que el niño se desarrolla, para saber qué es lo que alimenta o de dónde el niño
adquiere dicha energía que lo rebasa. Es
importante nombrar sin miedo dicho origen de la agresividad ya que sabemos bien
que los niños por naturaleza repiten lo que ven, escuchan y hacen los adultos a
su alrededor. Es urgente que la familia
sea consiente de dicho modelaje y su influencia en la misma, ya que hoy en día
le da más importancia a la moda, a las nuevas maneras de concebir la vivencia
de familia, dejando al lado el trabajo y esfuerzo que conlleva el hecho de
inculcar e iniciar a los niños en la integración de los valores, que son la base
que sostendrá sus vidas de manera firme, en medio de las distintas corrientes
sociales.
Además el
número de integrantes y calidad de vida de la misma, robustece sanamente o
limita el desarrollo de los hijos. La decisión de quien cuida a los niños mientras
sus padres están en el trabajo, es de vital importancia.
Falta de
unidad en los acuerdos y cumplimiento de los mismos en la familia.
Barquero y Rocío
(2014) refieren que en la familia se establecen lazos afectivos primarios, se
forman actitudes básicas y patrones de conducta e igualmente se refuerzan
creencias y valores; el cumplimiento de lo acordado entre los conyugues fomenta
el cumplimiento de los mismo en los hijos.
La pareja al empezar
a convivir debe establecer ciertos acuerdos necesarios para garantizar una
mejor convivencia como los repartos de roles, establecimiento de reglas, así
como diseñar modos de aclarar los desacuerdos. Los desacuerdos ante los
criterios de crianza de los hijos afloran, cuando inicia un distanciamiento entre
la pareja, y se agrava cuando llegan a una ruptura en sus lazos de convivencia
como es la separación o el divorcio. Esto puede generar que los hijos solo
busquen su propio interés en las relaciones con ambos padres, ya que éstos no
pueden cuestionarlos de manera conjunta (Barquero, y Rocío, 2014).
Es importante
que la pareja genere un hábito en el diálogo y en el cumplimiento de los
compromisos acordados, de esta manera los hijos se integran a ese mismo rol de
convivencia. Las normas como herramientas de convivencia generan virtudes, y
las virtudes como el orden, la generosidad, el cumplimiento de lo acordado construyen
a la persona, posibilitando la formación de comunidades humanas en las que se busca
la concordia, el respeto y una mejor convivencia familiar.
Relaciones tensas y problemáticas entre los cónyuges.
Ramírez (2004) refiere que los conflictos maritales
existen porque las relaciones de pareja son complejas. La complejidad estriba en
que, continuamente, se va produciendo una evolución que implica estabilidad y
cambio al mismo tiempo, además la sociedad en general tiene influencias negativas
sobre la dinámica familiar.
Los
conflictos se sitúan en etapas de estancamiento y de decadencia de las
relaciones en las parejas. A esta situación se puede llegar por diversas
circunstancias, las creencias, la llegada de los hijos, la responsabilidad y el
rol de padres, el control de la disciplina y la conducta de los hijos.
El ser humano
por sí mismo es complejo, por ello es muy importante y necesario el
conocimiento y crecimiento personal, porque está claro que lo que conforma mi
persona es con lo que me relaciono y la otra persona también se relaciona de la
misma manera. Por ello es muy necesario el
conocimiento de la otra persona antes de iniciar un compromiso; si existe buena
integración en dicha relación de pareja, habrá un buen cimiento donde sostener
a los hijos ante la sociedad.
La violencia ejercida con uso o sin uso de la fuerza como
daño intencional hacia alguien.
Martínez (2016)
ha realizado un doble abordaje del tema de la violencia, donde coloca en primer
lugar una reflexión sobre el término, contraponiendo dos conceptualizaciones,
una que la restringe al uso de la fuerza para causar daño y otra que la amplía
considerándola como la negación del otro.
Respecto al
uso de la fuerza, se trata de un comportamiento de alguien sobre otro, el agresor
y su víctima. Hay una desigualdad de condiciones, un sometimiento hacia algo no
es aceptado por la intencionalidad del daño; el propósito es obligar a la
víctima a dar o hacer algo que no quiere.
En el otro
tipo de violencia, la fuerza física no es abierta, está "escondida". Puede
ser una amenaza, un constreñimiento o coacción psicológica, entre otras; la
intención es la misma: obligar a la persona dañada a algo que no quiere.
El agresor
siempre ha existido, en todos los aspectos, en todos los lugares, en la familia
también. Cuando una víctima aprende a defenderse, ayudará a otras víctimas a parar
dicha violencia, de esta manera se puede hacer una especie de cadena contra la
violencia.
Complacencia hacia los hijos.
Martínez
(2018) ha encontrado en sus investigaciones a familias competentes y familias
menos competentes. Entre las familias menos competentes se excede en el control
o la libertad que dan al niño, sobrevalorando uno en detrimento del otro.
Ante la
ausencia por trabajo o divorcio, entre otros, se tiende a suplir dicho tiempo
agradando a los hijos, con lo que más les hace feliz. Esta dinámica se enfatiza
más en las familias modernas.
Hoy en día las familias no tienen su propio ritmo de convivencia, al contrario, su dinámica depende del exterior, sobre todo del horario de trabajo de ambos padres. El tiempo y calidad de convivencia entre padres e hijos pasa a segundo o tercer plano, perdiendo eficacia. Ante ello, los hijos obtienen una capacidad para adquirir lo que desean aunque no sea necesario; los padres les compran todo, les llevan a donde los hijos quieren, con tal de agradarles o que estén contentos, y ellos como padres sentirse más tranquilos, sin darse cuenta que dicha dinámica lleva un fuerte impulso a la repetición.
Competencia y falta de tolerancia la frustración.
Calvete y Orue
(2016) refieren que las reacciones relacionadas con las defensas propias se
expresan de manera más violenta. En el distinto centro donde se fomentan competencias
grupales o individuales, conlleva para unos la satisfacción de haber ganado y
para otra la frustración de no obtener el lugar o el premio en cuestión.
Reaccionando desde la ira, el llanto o el aislamiento.
La cultura
promueve un ambiente de competencia, generando falta de tolerancia a la
frustración, desde el deporte hasta en el concurso escolar; evidenciando la
falta de contención de los padres hacia los hijos, dentro del ambiente
familiar.
Se considera
importante, que los padres cultiven la tolerancia en sus hijos con distintas
actividades. La tolerancia es la clave para llegar a metas propuestas, para
pensar e iluminar las propias conductas antes de actuar; forjando herramientas
para los distintos escenarios que la vida les presente.
Conclusión
Tanto en las
conclusiones de las investigaciones como la mirada a la realidad presente, se
observa la existencia de problemas de conducta en los hijos cuando existen
conflictos matrimoniales, lo cual viene a confirmar el valor de la educación
familiar. Desde ello podemos decir que los conflictos matrimoniales representan
un factor de riesgo para la conducta de los hijos; mientras mayor sea el
conflicto entre los padres, mayor será el riesgo para los hijos.
Los cambios
sociales y culturales también son un claro predictor en las conductas inapropiadas
en los niños, por los constantes cambios, las competencias, sobre todo
potenciando la libertad y los derechos de los niños, sin hablarse de sus
deberes y responsabilidades, donde tiene lugar la exigencia y rol de los hijos
en el interior de la familia. Hoy los intereses comunes se difuminan en las
ausencias prolongadas, silencios frente al televisor, juegos en soledad, invirtiendo
tiempo de modo obsesivo en los juegos de la informática.
Es urgente retomar
ciertas actividades en común propiciando la creatividad de los niños; por un
lado la pandemia reflejó esta carencia y de alguna manera, tal vez en un sector
reducido, el quedarse en casa fomentó dicha convivencia. Es importante que los
padres fomenten estos encuentros, propiciando un desarrollo de mayor integración
en sus hijos.
REFERENCIAS.
●
Álvarez Colín, Luis. (2008). Familia,
desarrollo y cambio social. Claves para un estudio interdisciplinario.
En-claves del pensamiento, 2(4), 11-46. Recuperado en 11 de mayo de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-879X2008000200001&lng=es&tlng=es.
●
Barquero
Brenes, Ana Rocío (2014). CONVIVENCIA EN EL CONTEXTO FAMILIAR: UN APRENDIZAJE
PARA CONSTRUIR CULTURA DE PAZ. Revista Electrónica "Actualidades
Investigativas en Educación", 14(1),1-19.[fecha de Consulta 11 de Mayo de
2021]. ISSN. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=44729876008
●
Barrera,
Diana, Restrepo, Carolina, Labrador, Christian, Niño, Gina, Díaz, Diana,
Restrepo, Diana, Lamus, Francisco, López de Mesa, Clara, & Mancera, Blanca.
(2006). MEDIO FAMILIAR Y ENTORNO ESCOLAR: DETONANTES Y ANTÍDOTOS DE LAS
CONDUCTAS AGRESIVAS EN NIÑOS EN EDAD ESCOLAR. Persona y Bioética,
10(2), 99-107. Retrieved May 11, 2021, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-31222006000200006&lng=en&tlng=es.
●
Calvete
Esther, Orue Izaskun. (2016). Violencia Filio-parental: frecuencia y razones
para las agresiones contra padres y madres. Psicología conductual. No. 3, vol.
24. [Fecha de Consulta 22 de febrero de 2021]. Disponible en https://www.behavioralpsycho.com/wp-content/uploads/2018/10/06.Calvete_24-3oa.pdf
●
Martínez
Pacheco, Agustín. (2016). La violencia. Conceptualización y elementos para su
estudio. Política y cultura, (46), 7-31. Recuperado en 19 de marzo de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422016000200007&lng=es&tlng=es
●
Martínez
S. Fátima (2018) Agresividad Infantil y entorno familiar. La Albolafia. Revista
de Humanidades y Cultura. ISSN: 2386-2491. Disponible en
file:///C:/Users/Hp/Documents/SEPTIMO%20SEMESTRE/ANÁLISIS%20CUALITATIVO/Investigación%20Cualitativa%20V%20en%20H%20y%20P/siDialnet-AgresividadInfantilYEntornoFamiliar-6528581.pdf
●
MOLINA
RICO, JANNETH ELIZABETH, MORENO MÉNDEZ, JAIME HUMBERTO, & VÁSQUEZ
AMÉZQUITA, HAROLD. (2010). ANÁLISIS REFERENCIAL DE LAS REPRESENTACIONES
SOCIALES SOBRE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA. Acta Colombiana de Psicología, 13(2),
129-148. Retrieved March 27, 2021, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-91552010000200012&lng=en&tlng=es.
●
Monsalve
Robayo, Angélica, & Mora Caro, Luisa Fernanda, & Ramírez López, Laura
Camila y Rozo Hernández, Valery, & Rojas Puerto, Daisy Milena (2017).
Estrategias de intervención dirigidas a niños con trastorno negativista
desafiante, una revisión de la literatura. Revista Ciencias de la Salud, 15
(1), 105-127. [Fecha de Consulta 20 de febrero de 2021]. ISSN: 1692-7273.
Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=562/56249528009
●
Pinto-Archundia,
Rodolfo (2016). LA IMPORTANCIA DE PROMOVER LOS VALORES DEL HOGAR HACIA LAS
ESCUELAS PRIMARIAS. Ra Ximhai, 12(3),271-283.[fecha de Consulta 23 de
Febrero de 2021]. ISSN: 1665-0441. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=461/46146811018
●
Ramírez,
Andrés María (2004). Conflictos entre Padres y Desarrollo de los Hijos.
Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, 11(34),171-182.[fecha de Consulta
14 de Mayo de 2021]. ISSN: 1405-1435. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10503407
●
Romero
V. N. Josefina (2019) Actitudes violentas de los niños en etapa inicial: Reto
para la defensoría escolar. Revista Científica Electrónica de ciencias
Gerenciales Depósito legal: PPX 200502Zu1950 / ISSN: 1856-1810 WWW.revistanegoyium.org.ve núm. 43pag 22-42. Disponible en:
file:///C:/Users/Hp/Documents/SEPTIMO%20SEMESTRE/ANÁLISIS%20CUALITATIVO/Investigación%20Cualitativa%20V%20en%20H%20y%20P/siviolenciaen%20niños%20de%20etapa%20inicial.pdf
●
Torales,
Julio, Barrios, Iván, Arce, Andrés, & Viola, Laura. (2018). Trastorno
negativista desafiante: una puesta al día para pediatras y psiquiatras
infantiles. Pediatría (Asunción), 45(1), 65-73. https://dx.doi.org/10.31698/ped.45012018009
●
Giraldo
Prato, Marisela (2011). Abordaje de la Investigación Cualitativa a través de la
Teoría Fundamentada en los Datos. Ingeniería Industrial. Actualidad y Nuevas
Tendencias, II (6), 79-86. [Fecha de Consulta 7 de mayo de 2021]. ISSN:
1856-8327. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=215021914006.

Comentarios
Publicar un comentario